La función clasificadora y selectiva
de la evaluación tradicional sanciona irremediablemente al alumno que no se
condice con el modelo hegemónico y lo
deja siempre por fuera de la escena escolar.
Presentar una única forma de evaluar, en un
único tiempo, espacio y modalidad, responde a una propuesta curricular de base
rígida, centralizada, obligatoria e igualitaria para todos los alumnos y
contextos, que no se condice con los postulados que venimos sosteniendo en
torno a las adecuaciones curriculares. Es común hallar esta contradicción, que
se expresa en sostener una propuesta curricular abierta durante el proceso de
aprendizaje enseñanza, y deslizarse hacia los fundamentos del currículo cerrado
a la hora de evaluar, priorizando contenidos conceptuales que deben ser
expresados tal cual fueron enseñados.
Se impone, entonces, el
diversificar la instancia evaluatoria tal como de diversifica el proceso de
aprendizaje.
Recordemos que la idea de
diversificar la enseñanza se basa en trabajar tanto desde lo heterogéneo como
desde lo común y compartido que se establece en todo proceso de aprendizaje.
Al diversificar la situación de aprendizaje se
reduce notablemente el riesgo de fracaso, ya que se consideran diferentes
modalidades y propuestas que respetan y valoran la heterogeneidad del alumnado.
Desde este criterio, que implica un currículo abierto, revisable y adecuable,
según los contextos y los alumnos, podríamos asegurar que a mayor
diversificación del proceso de aprendizaje se requieren menores adecuaciones curriculares.
Con relación al por
qué se establece un momento evaluatorio?
, se debe tener en cuenta que la
evaluación es un proceso necesario, interesante, que permite comprobar tanto el
aprendizaje como la enseñanza realizada. Desde una propuesta curricular de base
flexible, la evaluación es concebida como un elemento formador e incentivador
de una labor que compromete al alumno y al maestro y que atraviesa todos los
momentos del proceso pedagógico. Permite encontrarle sentido al trabajo
emprendido, y comprobar el aprendizaje realizado.
Al pensar a quién se evalúa?, me refiero a la necesidad de considerar que lo que se
valora pertenece a aquellos que participan del acto evaluatorio, o sea que toda
prueba o trabajo práctico pertenece a los alumnos y a sus docentes, no es
patrimonio de quien la diseña ni de quien la administra. Los resultados que de
ellas surjan deben regresar al aula como respuesta al proceso emprendido en
forma conjunta, para beneficio de todos. Desde esta óptica, la evaluación se
transforma en una retroalimentación que prioriza los procesos, permite revisar
lo ya transitado y planear nuevas instancias pedagógicas.
Con relación a cómo se evalúa? debe primar continuamente el criterio de que evaluar
implica comprobar, con distintos criterios y modalidades, si el proceso de
aprendizaje fue fructífero, si se construyeron una serie de conocimientos
considerados válidos y necesarios en determinado momento de la historia escolar
y que esta instancia compromete la labor del alumno y de su docente y es
fundamental para el devenir del acto educativo.
Si coincidimos en que lo
que se evalúa no es la cantidad de conocimientos adquiridos, sino su calidad y cómo cada
sujeto aprehendió y se apropió de este bagaje, acordaremos en que es imposible
utilizar las mismas estrategias evaluatorias para todos los alumnos, ya que no
todos transitan idénticos procesos, en modos similares ni en tiempos iguales,
por lo que se impone diversificar la evaluación para preservar y justificar su
razón de ser.
Para diseñar las evaluaciones finales se
consideran las mismas variables que se tienen en cuenta para favorecer su
producción en la actividad diaria durante
el proceso de construcción de los aprendizajes.
Una de las cuestiones claves a
considerar es la administración del tiempo de trabajo, ya que en ocasiones los
alumnos no llegan a realizar la tarea requerida, no por no saber lo que se les
pide, sino por no disponer del tiempo necesario para plasmar la producción en
el papel.
Cuando es necesario, las
evaluaciones se toman fraccionadas para que el alumno pueda disponer del tiempo
de producción necesario, sin que el correr contrarreloj desmerezca su quehacer.
Las adecuaciones de acceso a la
instancia evaluatoria final son múltiples y se diseñan en el transcurso del
tiempo según las necesidades y requerimiento que surgen en las diferentes
materias. Lo
que siempre debe primar es la decisión de sortear el escollo que impone una
única manera de disponer el tiempo y el espacio escolar al momento de evaluar y
se propone transformar la administración y utilización témporo espacial para
superar los límites que la misma genera.
Al diversificar la evaluación, se
impone, inevitablemente, recurrir a las más variadas técnicas e instrumentos de
evaluación, intentando que el tradicional examen escrito no sea la
única forma posible.
La selección de determinado
instrumento evaluatorio depende del entrecruzamiento de dos variables
primordiales, por un lado lo que se desea evaluar y por el otro las
posibilidades de expresión de dicho saber por parte del sujeto de
aprendizaje.
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