lunes, 4 de mayo de 2015

EVALUACIÓN


La función clasificadora y selectiva de la evaluación tradicional sanciona irremediablemente al alumno que no se condice con el modelo hegemónico  y lo deja siempre por fuera de la escena escolar.
 Presentar una única forma de evaluar, en un único tiempo, espacio y modalidad, responde a una propuesta curricular de base rígida, centralizada, obligatoria e igualitaria para todos los alumnos y contextos, que no se condice con los postulados que venimos sosteniendo en torno a las adecuaciones curriculares. Es común hallar esta contradicción, que se expresa en sostener una propuesta curricular abierta durante el proceso de aprendizaje enseñanza, y deslizarse hacia los fundamentos del currículo cerrado a la hora de evaluar, priorizando contenidos conceptuales que deben ser expresados tal cual fueron enseñados.
Se impone, entonces, el diversificar la instancia evaluatoria tal como de diversifica el proceso de aprendizaje.
Recordemos que la idea de diversificar la enseñanza se basa en trabajar tanto desde lo heterogéneo como desde lo común y compartido que se establece en todo proceso de aprendizaje.
 Al diversificar la situación de aprendizaje se reduce notablemente el riesgo de fracaso, ya que se consideran diferentes modalidades y propuestas que respetan y valoran la heterogeneidad del alumnado. Desde este criterio, que implica un currículo abierto, revisable y adecuable, según los contextos y los alumnos, podríamos asegurar que a mayor diversificación del proceso de aprendizaje se requieren menores adecuaciones curriculares.

Con relación al por qué se establece un momento evaluatorio?
, se debe tener en cuenta que la evaluación es un proceso necesario, interesante, que permite comprobar tanto el aprendizaje como la enseñanza realizada. Desde una propuesta curricular de base flexible, la evaluación es concebida como un elemento formador e incentivador de una labor que compromete al alumno y al maestro y que atraviesa todos los momentos del proceso pedagógico. Permite encontrarle sentido al trabajo emprendido, y comprobar el aprendizaje realizado.
Al pensar a quién se evalúa?, me refiero a la necesidad de considerar que lo que se valora pertenece a aquellos que participan del acto evaluatorio, o sea que toda prueba o trabajo práctico pertenece a los alumnos y a sus docentes, no es patrimonio de quien la diseña ni de quien la administra. Los resultados que de ellas surjan deben regresar al aula como respuesta al proceso emprendido en forma conjunta, para beneficio de todos. Desde esta óptica, la evaluación se transforma en una retroalimentación que prioriza los procesos, permite revisar lo ya transitado y planear nuevas instancias pedagógicas.

Con relación a cómo se evalúa? debe primar continuamente el criterio de que evaluar implica comprobar, con distintos criterios y modalidades, si el proceso de aprendizaje fue fructífero, si se construyeron una serie de conocimientos considerados válidos y necesarios en determinado momento de la historia escolar y que esta instancia compromete la labor del alumno y de su docente y es fundamental para el devenir del acto educativo.
Si coincidimos en que lo que se evalúa no es la cantidad de conocimientos adquiridos, sino su calidad y cómo cada sujeto aprehendió y se apropió de este bagaje, acordaremos en que es imposible utilizar las mismas estrategias evaluatorias para todos los alumnos, ya que no todos transitan idénticos procesos, en modos similares ni en tiempos iguales, por lo que se impone diversificar la evaluación para preservar y justificar su razón de ser.
Para diseñar las evaluaciones finales se consideran las mismas variables que se tienen en cuenta para favorecer su producción en la actividad diaria durante el proceso de construcción de los aprendizajes.

Una de las cuestiones claves a considerar es la administración del tiempo de trabajo, ya que en ocasiones los alumnos no llegan a realizar la tarea requerida, no por no saber lo que se les pide, sino por no disponer del tiempo necesario para plasmar la producción en el papel.

Cuando es necesario, las evaluaciones se toman fraccionadas para que el alumno pueda disponer del tiempo de producción necesario, sin que el correr contrarreloj desmerezca su quehacer.
Las adecuaciones de acceso a la instancia evaluatoria final son múltiples y se diseñan en el transcurso del tiempo según las necesidades y requerimiento que surgen en las diferentes materias. Lo que siempre debe primar es la decisión de sortear el escollo que impone una única manera de disponer el tiempo y el espacio escolar al momento de evaluar y se propone transformar la administración y utilización témporo espacial para superar los límites que la misma genera.


Al diversificar la evaluación, se impone, inevitablemente, recurrir a las más variadas técnicas e instrumentos de evaluación, intentando que el tradicional examen escrito no sea la única forma posible.

La selección de determinado instrumento evaluatorio depende del entrecruzamiento de dos variables primordiales, por un lado lo que se desea evaluar y por el otro las posibilidades de expresión de dicho saber por parte del sujeto de aprendizaje.